Existes

Existes
y no es un milagro.
Descubro vida en planetas
que jamás podré tocar.

Pero existes
y eso basta para
llenar el corazón
de un escéptico.

Nos miramos
a los ojos, tan tristes
y felices y deseosos,
y sé que existes.

Felicidad
es saber que vivo
en un universo
donde existes.

Ignorancia

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Las empresas necesitan más preguntas. Preguntas difíciles y duras, obvias y jodidas como las que formulan los niños de cinco años. Cada día las empresas producen respuestas no a partir de preguntas existentes, sino a partir del miedo a que alguien las haga, del temor a que del silencio surjan dudas.

Por eso la habilidad profesional más importante es la ignorancia. Hay que reconocerla y dejar que trabaje por ti.

Hey, storytellers

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Sometimes there’s no story to tell; you just sit down and stare at the fire.

And that’s perfectly fine. There’s no need to force a story out of everything.

Let things be. Show them. Let people guess their origin. And shut up.

Existence has a haunting quality of its own; most things exist without a reason.

Preserve those pockets of mystery.

Cuida esa lengua, colega Un minimum viable product debe serlo también en lo lingüístico

by Comentarios desactivados en Cuida esa lengua, colega Un minimum viable product debe serlo también en lo lingüístico

Hace unos días un amigo publicó su nueva idea de negocio. Lo hizo al estilo lean startup: compró un dominio molón, creó una página para presentar la idea en líneas generales y le añadió un formulario para que la gente interesada se apuntara. No había producto, sino únicamente una idea cuya validez quería comprobar a partir del interés generado, medido en tweets, visitas, likes y suscripciones. Todo muy ágil, muy lean.

Las lean landing pages tienden a parecerse. Su diseño se vertebra en una sola columna, que va encabezada por una foto de stock buenrollista de gran tamaño, con un logo atractivo y un eslogan pegados por encima. Luego hay una sucesión de cajas con mensajes que detallan las características del producto. Al final aparece un formulario para apuntarse e iconos de perfiles sociales. Si has visto una, las has visto todas.

We're uniqueEn el mundo lean, las landing pages son promesas, el equivalente digital de los anuncios de remedios milagrosos de principios del siglo pasado. No me gustan, pero lo cierto es que el texto es lo único que les permite diferenciarse y destacar. Sin frases potentes, estas páginas que preceden los productos reales no son más que plantillas de cincuenta dólares. Sin un buen escritor detrás, en suma, no sirven para nada.

En este sentido, la página de mi amigo era un pequeño desastre, empezando por las faltas de ortografía; tu idea puede ser interesante, pero si la describes con un lenguaje roto no pareces serio. ¿Qué le hubiera costado pedirme ayuda en un primer momento? Sospecho que por la misma razón por la que nadie contrata a escritores: falta de respeto por la lengua o exceso de confianza. Al final lo ayudé gratis.

Pero ojalá hubiera sido solo una cuestión de ortografía. Todo el discurso de la landing page estaba plagado de incoherencias y contradicciones. No se entendía a quién iba dirigido, puesto que le hablaba tanto a los usuarios potenciales como a esos intermediarios que quería eliminar. La mismísima descripción del producto, la propuesta de valor, era confusa. Parecía como si no le hubiese dado suficientes vueltas.

En un servicio con vocación disruptiva, si comunicas peor que los intermediarios que pretendes eliminar, tienes un problema. Si encima te mueves en un sector en que la gente invierte mucho dinero, como es el caso del servicio que mi amigo intentaba promocionar, olvídate de construir una base de usuarios.

Siento que la cultura lean ha empeorado el cuidado por la lengua. A la hora de justificar el desinterés por los textos oigo mantras de todo tipo, como “Los mejoraré si los datos confirman interés” o “No invertiré tiempo en eso si no aporta valor”. Pero ¿qué valor vas a aportar si tu magnífico producto habla de forma ininteligible o se contradice?

Queridos fundadores de startups: vuestro producto es ante todo discurso, y su márketing, persuasión. Es fácil crear una landing page, pero muy difícil decir las cosas con claridad. Por eso quien sabe usar las palabras es tan importante como un full-stack engineer. Así que ya sabéis: la próxima vez que fundéis algo, además de elegir plantilla, contratad a un escritor.

Y recordad:

“Customers aren’t interested in funding your learning. They want reliable software that delivers value consistently”

John Finneran

Nota: la idea de mi amigo me encanta, a todo esto. Me parece muy buena y así se lo hice saber. Pero el episodio me llevó a esta reflexión. Si tenéis una idea y queréis enseñármela, estaré encantado de echaros una mano con las palabras.

Behind every great chatbot is a great writer

Chatbots are a form of content, and an interactive one at that. The sentences with which they answer all sorts of queries are written by human beings, their scripts and reactions honed by thousands of conversations. All user reactions back-propagate through layers of neural networks so that bots can improve their skills (albeit it’s not always the case). In essence, though, chatbots are texts delivered in bite-sized chunks through channels that mimic human dialogue.

Now, companies seldom ask themselves whether they really need to open a new communication channel or not: they just go and do it. Some time later, the same companies will wonder why their efforts failed. The chatbot revolution we are witnessing will likely follow the same pattern. For a while, the market for AI agents will flourish, yet thousands of bots will end up joining broken websites, empty Slack channels and abandoned Twitter profiles in the Comm Cemetery.

Many chatbots will fail not because of faulty algorithms or buggy features; they will fail because of the way they will communicate with us. People will notice the disconnect between the products and their chatbots, the inconsistencies in tone, and the low quality content provided through friendly but useless replies. Poor writing and the lack of a proper content strategy will bring many interesting projects to an end. Which is sad, because chatbots could really be helpful.

When Ginny Redish wrote Letting Go of the Words in 2007, she had focused on hypertext documents, websites and web UI. However, her point still holds true for mobile apps and even more so for chatbots: content is a conversation, and technology is there to support it, not the other way around. When it comes to chatbots, words are both design and content delivered in a tiny package, the chat bubble; the importance of writing clear and useful copy cannot be overstated.

For user-centered companies, realizing the importance of writers is easy —Apple, for instance, hired writers for Siri. Companies that are not so accustomed to user experience, on the other hand, will face a hard time trying to figure out why the engagement metrics of their freshly minted chatbots are so disappointing. What promises to be a revolution could rapidly turn into a flood of prattling droids.

If you are planning on creating a chatbot, do yourself a favour and hire a content strategist or an UX writer. Both profiles are able to connect business needs with the intricacies of product management and creative writing. Or don’t, and see how your sophisticated chatbot passes its days muttering alone in a corner.