Cómo saber si no eres un estratega de contenidos Y de paso cómo saber si no eres un buen profesional de la era digital

Si me preguntaras a qué me dedico, la respuesta más sencilla sería “escribo”. Sin embargo, escribir es solo una parte —muy dura— de lo que hago , y a menudo ni siquiera la más importante. Si me pidieras detalles, te diría que “ayudo a los productos a comunicar mejor”. ¿Más? Añadiría que me encargo de la gestión de los contenidos, de la parte verbal del diseño o del impacto económico de las palabras. Todo esto podría sonarte tan esotérico como si te dijese que superviso la ionización de los isotopos del tantalio. Dejémoslo en que escribo.

Ahora bien, en mi tarjeta no pone “Escritor”, sino “Estratega de contenidos“, que es una forma pomposa y muy americana de decir que llevo la sensibilidad de quien escribe a lugares donde hasta ahora el texto solo se consideraba relleno, y su creación, un coste innecesario. En una red plagada de sitios que se expresan como un robot roto, mejorar su lenguaje es tan importante como hacer que vayan rápido. Un producto que no sabe hablar está destinado al fracaso: si una empresa se da cuenta de eso, querrá darme de comer (o eso espero).

El estratega de contenidos, decía.

Como ocurre con la mayoría de profesiones digitales, no es fácil dar una definición de lo que hace un EC. El nombre no ayuda, pues evoca la imagen de un mariscal prusiano espoleando una estantería como si fuese un corcel. Lo que es no lo sabe nadie excepto quien practica la disciplina. Hay intentos de definiciones, como este de aquí o este otro, pero ninguno me satisface. Se quedan a medio camino o bien barren para casa. También interfiere el humo corporativo, que obliga a mostrarse seguro de uno mismo, so pena de no ser contratado.

En verdad no sé lo que soy. No me importa. Solo sé lo que quiero y cómo quiero hacerlo.

Lo que me ha animado a escribir sobre el tema ha sido un interesante post de Gaby Prado. El artículo da una definición negativa de lo que es el diseño de UX: no dice lo que hace un diseñador, sino lo que no hace y no dice. La definición negativa me parece una solución brillante para explicar un concepto; en lugar de añadir piezas, esculpes hasta obtener la imagen ideal. La que obtiene Gaby es la de un profesional versátil y autoexigente. Alguien a quien la palabra “UX”, de hecho, le da bastante igual mientras pueda trabajar de lo suyo.

Una lista referida a los estrategas de contenido podría ser como la que sigue.

No eres estratega de contenidos si:

  • Crees que la EdC solo va de escribir textos bonitos, sin planificación ni coordinación
  • Piensas que un sistema de gestión de contenidos (CMS) resolverá todos tus problemas
  • No quieres escribir ni tampoco estás dispuesto a ensuciarte la manos con el contenido
  • No quieres hablar con programadores, diseñadores, marketing, atención al cliente…
  • No haces preguntas incómodas sobre el contenido (por ejemplo, al CEO de la empresa)
  • No quieres hablar de dinero y el impacto económico del contenido no te interesa
  • Pasas más tiempo diseñando una estrategia perfecta que escuchando a las personas
  • No te gusta educar ni tampoco explicar conceptos básicos a quien lo necesita
  • Pasas textos a programadores y diseñadores sin pensar en sus necesidades
  • Crees que la estrategia que has creado y aplicado no requerirá revisiones constantes
  • No usas datos para fundamentar tus decisiones y prefieres ir por instinto o seguir tu libro
  • Crees que se trata de un tipo de marketing, olvidando que toda la empresa genera contenidos
  • Crees que por tener “estratega” en el nombre estás en un puesto directivo
  • Le das demasiada importancia a tu título o a tu diploma

Compara la lista con la de Gaby. ¿Notas el patrón? En efecto, ambas listas se parecen mucho, y la razón, a mi entender, es bien sencilla: lo que en ambos casos estamos describiendo de manera negativa es un profesional de la era digital.

Que se dedique al diseño o a la escritura poco importa: lo que tienen en común un buen UX designer y un buen content strategist es una forma de trabajar en la que priman la comunicación, la honestidad y la flexibilidad. La mentalidad empírica hace que prestemos más atención a datos y casos que a lo que dicen los gurús. Los job titles solo sirven como herramienta comunicativa. Porque de romper muros va la cosa. La productividad moderna consiste en hablar con las personas con respeto y buenos argumentos. Si no eres capaz de crear esa conexión, tampoco podrás ser un profesional de lo tuyo.