MMVII

Ya es el 2007.

Siento que debería decir algo, pero no sé el qué. Me faltan las energías, o quizá el sentido de la ritualidad. No es que me haya convertido en un cenizo, ni tampoco en un deprimido – todavía no. Pero lo único que sentí ayer fue cierto asco familiar, conocido.

Ojo: no quiero caer en la estética depresiva y biliosa de quien condena las festividades – casi siempre sus motivos tienen que ver con tediosas disquisiciones posmodernas. En realidad el aspecto festivo viene muy bien: ahogarse en alcohol espumoso, comer hasta reventar, engordar el propio hígado como patos (como en la Grande Bouffe)… todo eso es aceptable, porque alivia la locura y el miedo a la soledad.

Por lo demás, resulta ya espeluznante, a estas alturas, el dejá vú, la repetición ad nauseam de las mismas imágenes. Irónicamente, ya me quejé de ello el año pasado. No me digáis que ver al Ramón García, ataviado cual vampiro de Móstoles, no cansa. Ramón y la rubia de rigor. Ramón y la esfera que se cae. Las uvas. Las campanadas, explicadas como si fueran un evento astronómico. Por suerte dicen que será la última vez.

Los programas en otras cadenas – sí, tenía la televisión encendida – no es que ofrezcan cosas mejores. Canales franceses, alemanes e italianos ofrecen actuaciones esperpénticas de viejas glorias de la música patria, decorados kitsch, fórmulas que saben a viejo, a podrido. Tan divertido como despertarse en Punxsutawney el Día de la Marmota.

Y luego están los petardos – que no la pirotecnia profesional – con esa ruidosa banalidad que no dice nada excepto “¡Bam! ¡Bum! ¡Estoy aquí! ¡Soy un idiota!”. Más de lo mismo con las fiestas de fin de año, que siempre he preferido celebrar en casa. No sé si por mi momentánea aridez social, mi pereza o sencillamente por miedo a meterse en una triste bolgia de cotillones, tapones y mentiras chispeantes.

Había dicho que no tenía fuerzas para escribir. No es verdad. Tengo aceleración negativa. Con suerte, el nuevo año traiga nuevos impulsos hacia direcciones interesantes. Ahora dejad que haga un último esfuerzo…

¡Feliz 2007!

Lo he conseguido. Lo he dicho. Ahora voy a comerme un filete.